Empecemos por el problema, no por un paquete.
Contanos qué decisión no se cierra, qué frente depende demasiado de vos o qué proyecto no avanza. Nos ayuda saber qué está en juego, quiénes participan y qué tendría que cambiar para que esto valga la pena.
Respondemos con honestidad: si hay encaje, proponemos una conversación de diagnóstico; si no somos el equipo correcto, te lo decimos de una vez.